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Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «Nunca he tenido sueños, pienso que sueñan los que duermen»

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«Nunca he tenido sueños, pienso que sueñan los que duermen»

Lucía Lacarra, Bailarina

Komunikabidea
Gara
Mota
Elkarrizketa
Data
2006/01/01

Los antiguos y actuales alumnos de la Academia Thalia, dirigida por Mentxu Medel, celebrarán por todo lo alto los 25 años de trayectoria del centro, una escuela donde figuras destacadas de la danza dieron sus primeros pasos. Lucía Lacarra, Jone San Martin, Urtzi Aranburu, Iker Murillo, Amaia Dorronsoro, Katixa Perea y Larraitz Ugartemendia, entre otros, se subirán el miércoles al escenario del Kursaal y mostrarán por qué brillan con luz propia en un mundo tan difícil como el de la danza. Lacarra es en la actualidad bailarina solista en el Ballet de la Opera de Munich, ciudad en la que vive desde hace varios años y donde, según afirma, disfruta de la plenitud a la que ha llegado tras media vida dedicada a su gran pasión, bailar.

­Estará feliz de reeencontrarse con «viejos amigos».

Me produce muchísima alegría, porque empecé a bailar con ellos, con Urtzi Aranburu, Amaia Dorronsoro y Larraitz Ugartemendia. Estábamos en la misma clase con Mentxu Medel. Con Urtzi y Jone sólo he coincidido una vez sobre el escenario, pero con el resto nunca he estado en el escenario siendo ya profesionales. Me hace mucha ilusión.

­¿Tiene contacto con ellos?

Es bastante difícil. Yo no tengo mucha posibilidad de ir a casa y cuando lo hago es para estar en Zumaia. Suele ser con muy poco tiempo y no tengo ocasión de ir a Donostia a verles. Aun así nos seguimos. He visto varias veces a Urtzi ­me visitó en San Francisco­, y cuando he ido a bailar a Biarritz o Bilbo han ido a verme.

­¿Cómo será el espectáculo?

El espectáculo tendrá tres partes. Al principio saldrán los chavales que están en la escuela, para ver la nueva generación que está empujando. Cyril ­Cyril Pierre, su novio­ y yo vamos a hacer tres pasos a dos y la mayoría de los bailarines interpretará dos piezas.

­La gala será especial porque el dinero recaudado se destinará a Bolivia, a un proyecto al que está vinculado su tío Ramón Gurrutxaga.

Sí, mi tío empezó a ir a trabajar a Bolivia hace unos años como voluntario. La primera vez pasó un verano allí y posteriormente ha ido todos los veranos. A través de él hemos sabido cómo son las cosas allí. Nosotros vivimos en nuestro mundo, cada uno con nuestros problemas, y no nos damos cuenta de que tenemos una suerte increíble al lado de otros niños que han nacido simplemente en un mundo donde el límite es enorme en todos los sentidos. Gracias a Ramón hemos conocido ese mundo y me hace ilusión pensar que podemos ayudar en algo.

­Mentxu Medel afirmaba días atrás que intentó transmitirles la pasión por la danza, al margen de la técnica. ¿Es ése el secreto de que hayan salido tantos bailarines de primer nivel de su academia?

Precisamente la pasión que nos inculcó en nuestros inicios es muy importante. Este mundo es muy difícil y la forma en que te introducen en la danza es importante. Te pueden introducir de una forma en que todo te parece que va a ser sacrificio, frustración y dureza o te pueden introducir con cariño, con felicidad, y eso es lo que Mentxu nos dio. Ella es totalmente positiva, tiene una energía desbordante y además tiene mucha pasión por la danza y eso te ayuda mucho, ves la danza como algo maravilloso, que te llena completamente. Es significativo que de una academia salgan varios bailarines profesionales, entre los miles que hay en el mundo sin poder bailar. Nos transmitía ganas de trabajar, de bailar y además ella seguía nuestra trayectoria y nos ayudaba en todo. Es mi madre artística.

­La Academia Thalia es privada y no hay centros públicos en los que se puedan realizar estudios de grado superior. Ygor Yebra ha anunciado su intención de abrir una escuela en Bilbo. ¿Se ha planteado usted algo parecido?

No, soy de la opinión de que el hecho de que seas un buen bailarín no implica que vayas a ser un buen profesor. Para mí son dos profesiones completamente diferentes. Para ser un buen profesor tienes que tener alma pedagógica y saber cómo tratar a los niños, cómo inculcarles esa pasión por la danza, como hizo Mentxu con nosotros. A mí me atrae más lo artístico de la danza, más que enseñar la técnica. Por mi carácter y por cómo estoy dirigiendo mi carrera, creo que cuando baje del escenario trabajaré como maestra de baile en alguna compañía, trabajando con bailarines profesionales.

­¿Se ve como coreógrafa?

No, eso sí que es otro mundo diferente. Tienes que tener una necesidad creativa, una inspiración que te viene ­no sabes de dónde­ y necesitas ponerlo sobre el escenario. Pienso que un coreógrafo no debe esperar hasta los 45 años y empezar a dedicarse a ello al dejar de bailar. Cuando uno tiene esa inspiración y esa necesidad creativa, uno es coreógrafo a los 20-25 años, no tiene que esperar. Está claro que muchos bailarines lo escogen como una salida al dejar los escenarios y no creo que sea justo.

Por supuesto, con toda la experiencia que tenemos, con todas las coreografías que hemos interpretado a lo largo de nuestra vida, cualquiera de nosotros es capaz de crear una coreografía; no es tan difícil. Pero yo no veo el sentido de hacer algo que no te venga de una inspiración original. Puede haber excepciones y alguien puede ser un buen coreógrafo además de buen bailarín, pero no es mi caso. Yo me veo más como el instrumento que utiliza un coreógrafo para poner su inspiración sobre un escenario. A mí me interesa la interpretación, más que el lado creativo.

­¿Ese día está lejos?

Lejísimos.

­Acaba de recibir el Premio Nacional español de Danza. Después de tantos galardones, entre ellos el de mejor bailarina del mundo, ¿qué piensa cuando le dan otro premio?

Yo no me dedico a esto para ganar un premio. La satisfacción y el agradecimiento que recibo del público es el premio más grande que puedo esperar. Cuando recibo un premio así lo único que espero es merecerlo. Yo hago mi trabajo lo mejor que puedo, intento trabajar lo más posible para mi público y pienso en seguir trabajando para merecerlo.

­¿Con tantas metas alcanzadas, le queda algún sueño o mira el día a día?

Es gracioso, porque nunca he tenido sueños. Soy una persona que piensa que sueñan los que duermen. Nunca he basado mi carrera en un sueño. Me acuerdo que, siendo muy pequeñita, estaba viendo ‘El lago de los cisnes’ con mi madre y le dije: ‘ama, ¿ves la chica que está en la última fila? me gustaría ser ella. Ella sólo se dedica a bailar’. Yo lo único que quería era estar sobre un escenario, no me imaginaba que iba a ser una primera bailarina, ni mucho menos; con el hecho de estar sobre un escenario era feliz. El resto lo he visto como el trabajo del día a día.

­¿Qué es lo que la motiva para estar ensayando cada día?

Me apasiona bailar, cuando estoy trabajando, ya sea en clase o en los ensayos, soy feliz. Bailar es mi vida, necesito bailar como respirar. Yo estoy disfrutando de cada momento y cuando me levanto voy a donde siempre he querido ir. Sinceramente, mucha gente me dice ‘tu vida es tan difícil’, y al contrario, a mí me parece que soy la persona más afortunada del mundo.

­Pero nadie regala nada y el esfuerzo realizado está ahí.

Sí, desde luego, sobre todo en esta profesión tienes que trabajar para tí mismo y no hay nadie que te va a motivar. Cuando eres profesional tienes que responsabilizarte, hacer tu trabajo y seguir adelante todos los días.

­Tras estar en Marsella y en San Francisc,o lleva unos años en Munich. ¿En qué punto de su carrera se encuentra?

Estoy en mi plenitud. Empecé a los quince años y ahora tengo treinta, con lo que llevo la mitad de mi vida bailando como profesional. Al empezar tan joven he madurado muchísimo y ahora me siento mucho mejor que hace diez años. Físicamente estoy mejor, trabajo seriamente, intento seguir progresando y ahora puedo hacer cosas que no podía con veinte. Y, por supuesto, artísticamente, tengo mucha más madurez. Empiezo a sentirme muy confortable en cualquier sitio al que vaya. Al viajar tanto conozco a alguien en cualquier sitio del mundo y me encuentro como en casa sea en Rusia, Canadá o Japón.

­Suele ir bastante a Japón.

Sí, cada vez más. Es un público excepcional, diferente, son fanáticos de la danza y me quieren mucho.

­¿Tiene intención de quedarse en Munich?

Soy muy feliz, estoy en Europa, con lo que tengo la posibilidad de viajar mucho más fácil, estoy a gusto en la compañía, con un repertorio maravilloso, el teatro es divino, y el público es muy bueno. Hay mucha tradición y mucha cultura en Munich.

­Hace tiempo me comentó que bailar es su prioridad, pero que tiene las puertas abiertas. ¿Ha recibido alguna oferta?

Me han ofrecido hacer cosas, pero no tengo tiempo. Hay una persona en Hollywood que me ha intentado contactar para participar en alguna película, pero es imposible parar tres meses e irme allí. Si no tengo tiempo para irme de vacaciones, es todavía más difícil compaginar otros proyectos. Quizás algún día.

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