Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «La danza es para mí algo innato y necesario, una forma de vivir»

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«La danza es para mí algo innato y necesario, una forma de vivir»

Lucía Lacarra, bailarina

Egilea
Cristina Aguinaga
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2003/01/05

La vida de Lucía Lacarra se ha centrado en su gran pasión, la danza clásica. Con apenas tres años, decidió que eso era lo que quería hacer: bailar. Cuando a los nueve se matriculó en la primera academia que se abrió en su Zumaia natal y se colocó en una barra se sintió bailarina y desde entonces no ha parado. San Sebastián, Madrid, Marsella, San Francisco y Munich han sido sus puntos de referencia pero a lo largo de su carrera ha bailado en los principales escenarios de todo el mundo y ha interpretado los papeles más importantes. Ahora, que los periodistas y críticos la han reconocido como la mejor bailarina del mundo al concederle el premio Nijinski, espera abrir todavía más puertas y superarse. «La danza es para mí algo innato y necesario, una forma de vivir», asegura a sus 27 años, mientras en su agenda ya acumula compromisos en Budapest, Canadá, Estados Unidos, Moscú o Japón a los que acudirá, en algunos casos, con la que es su pareja artística y sentimental, el francés Ciryl Pierre.



-¿Cómo es posible que a los tres años ya tuviera claro que quería ser bailarina cuando no tenía a nadie cerca que se dedicara a la danza?



-Es cierto que en mi familia no había ningún precedente y nadie se explica por qué quería bailar. Tampoco, como ahora, había danza en la televisión que me pudiera llevar por ahí. La danza para mí es algo innato y necesario y cuando a los nueve años me pude poner en una barra ya me sentía bailarina. Hasta entonces no había hecho nada porque no tenía donde, pero sentía envidia si veía bailar. Además, siempre he tenido la suerte de tener unas cualidades como la elasticidad, los pies y el físico adecuados para poder bailar, lo que me ha ayudado mucho.



-El baile, pese a considerarse un arte, siempre se ha caracterizado por el enorme sacrificio y disciplina que conlleva. ¿Cuál es su opinión?



-Creo que la disciplina es tan importante como las cualidades físicas o artísticas. Es duro y para poder expresarte artísticamente hay que estar en forma y prepararte cada día.



-También tuvo que salir pronto de su casa, aprender otros idiomas y meterse en un mundo muy competitivo. ¿Cómo le ha influido en su carácter?



-Todo esto lo veo como los efectos secundarios de mi trabajo. Ha sido imprescindible para poder seguir y me ha venido muy bien. Al cambiar de país hay que aprender otras cosas y eso ayuda a madurar y crecer, te conviertes en una persona independiente. Yo quería bailar y para hacerlo he tenido que aprender otras cosas, lo que te da seguridad y yo ahora puedo viajar sola y sin miedo a cualquier país del mundo.



Situación en Euskadi



-¿A los 18 años salió de España para seguir su carrera como bailarina? ¿No hay preocupación por la danza?



-Hay muchos grandes bailarines y cuando hay grandes producciones los locales se llenan sin problemas, por lo que hay que mentalizarse un poco más. En País Vasco y Navarra también hay mucha tradición y escuelas, pero lo que falta es continuidad. Ahora llevo muchos años fuera y no conozco tan bien la evolución pero lo cierto es que con cada una de las compañías en la que he estado he actuado en España.



-Ha pasado cinco años en San Francisco, tres en Marsella y otros tres, anteriormente, en Madrid. Ahora está en Munich. No le gusta pasar mucho tiempo en cada sitio...



-Estuve tres años en la escuela y en la compañía de Víctor Ullate, hasta que cumplí los 18 años, pero una vez allí quería algo distinto. Al ser una compañía neoclásica había piezas cortas y yo quería interpretar ballet con historias y con personajes. Fui a Marsella a aprender con Roland Petit y estuve tres años e interpreté todo su repertorio. Luego me pasó lo mismo, vi que era muy joven para seguir en la misma compañía, quería otro repertorio y hacer otras cosas y me fui a San Francisco, donde estuve cinco años. Ahora estoy en la ópera de Munich y participo como invitada de otras compañía en diferentes creaciones y galas. Creo que cambiar es saludable. Yo no estaba cansada de las compañías en las que he trabajado pero sí que tenía una necesidad interior de cambiar y no hacer lo mismo, eso siempre es enriquecedor.



Vida bohemia



-¿Dónde está su casa ahora?



-Mi casa está donde trabajo y en ese sentido llevo una vida bohemia porque para mí es lo más importante. También tenemos un apartamento en Marsella porque es una ciudad que nos gusta mucho y a la que puede acercarse mi familia. Como salí tan pronto de Zumaia, que es donde nací, no tengo raíces.



-Los cambios en su carrera los ha decidido en función de una necesidad interior. ¿Prefiere dirigir personalmente su carrera?



-Los bailarines o al menos yo, por mi carácter, preferimos hacer muchas cosas y tener un reto y una expectativa, por eso me gusta estar en una compañía que me dé libertad para hacer cosas diferentes. Si hay un talento hay que darlo a conocer al mundo entero. Por eso organizo mi trabajo personalmente, incluso los contratos y los viajes. Sinceramente, siempre he estado en contra de los managers o agentes que se ocupan más de lo económico de la danza que de lo artístico y por eso he querido poner las condiciones en mi trabajo, también en lo artístico. Nadie sabe mejor que yo lo que quiero y es mejor estar al tanto y ver cómo funciona todo porque la danza es también un negocio y las compañías son empresas. Algunos sólo quieren bailar y no saben lo que les rodea.



-Con ser una necesidad el baile, también se decanta por la interpretación. ¿Ha recibido alguna formación en esa línea?



-No he recibido una formación específica pero sí que me ayudó trabajar con Roland Petit, que es un genio y uno de los mejores coreógrafos. Que alguien de su experiencia confiase en mí y me diese roles de bailarina consagrada me dio fuerza y motivación y me hizo ver que era capaz. En su ballet cuenta historias donde tienes que interpretar un papel desde el principio hasta el final y yo siempre me he inclinado por las obras dramáticas y pasionales. No sólo pongo el cuerpo para bailar sino que trató de bailar con el corazón, conectar con el público y transmitir lo que siento.



-¿Cómo cree que va a repercutir en su carrera el premio Nijinski?



-Es un premio que se creó en el año 2000 y que se entrega cada dos años. Ya entonces estuve nominada entre las seis primeras y fue un honor. Ahora se ha valorado el trabajo del año 2001 y los periodistas y críticos me nominaron por mis trabajos ese año. Es importante porque es el único premio de danza a nivel mundial y cuenta el trabajo que has hecho en el mundo entero. Hay que bailar y viajar mucho porque cuanto más lo haces, más críticos y expertos te conocen. Ganarlo te da seguridad y mucho peso y te abre puertas porque la gente te quiere ver. Yo aprovecharé para seguir trabajando como hasta ahora.



Homenaje en Zumaia



-¿Qué sintió al verse ganadora y recibir el premio de manos del Príncipe Alberto?



-Yo sólo esperaba el aplauso del público y me sorprendió que me nombrara. De todas formas, es un premio importante y siempre motiva.



-También en Zumaia reconocieron su trayectoria.



-Me prepararon un homenaje en el ayuntamiento y fue emocionante porque pude celebrar el premio con mi familia y agradecer a los que votaron por internet. Para elegir a los ganadores del Nijinski se tuvo en cuenta el voto del público, en un 5 o 10% y desde Zumaia votaron para que pudiera ganar y en el homenaje se lo pude agradecer.

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