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«La danza es de por sí bastante sensual, luego entra la imaginación de cada uno»

Danza, Nacho Duato, coreógrafo y director de la compañía Nacinal de danza

Egilea
Iratxe de Arantzibia
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2009/06/23
La enésima visita de la Compañía Nacional de Danza (CND) a los escenarios donostiarras viene a apaciguar los ánimos sobre el futuro de su director Nacho Duato. Tras muchos dimes y diretes, todo apunta a que el coreógrafo valenciano continuará al frente de la formación que lidera desde hace dos décadas y a la que ha dotado de prestigio internacional. Genio y figura, resulta innegable que la calidad de su trabajo coreográfico y su fuerte carisma han dotado de personalidad a la compañía errática que llegó a sus manos. Buena prueba de ello es el triple programa &ndashCobalto, O Domina Nostra y Gnawa&ndash con el que recala la CND, en doble función, hoy y mañana, en el Auditorio del Kursaal.

- ¿De qué trata la obra Cobalto?

Es una reflexión sobre el erotismo. En la obra, aparecen cuatro hombres y cuatro mujeres que representan el erotismo carnal, y una pareja que representa el erotismo onírico. La música es de Pedro Alcalde y de Sergio Caballero. Es una pieza compuesta para un sólo instrumento: el órgano. La música fue grabada en la iglesia Collbató con un órgano Blancafort, por el organista Juan de la Rubia.

- ¿Cómo refleja el erotismo en la coreografía?

La danza de por sí es bastante sensual y erótica, luego entra en juego la imaginación de cada uno. Me interesaba el acercamiento a ese punto donde el erotismo se acerca a la pornografía, con unos límites y reglas que no he sobrepasado. Si el erotismo no es comedido, es otra cosa. Coreográficamente, es una pieza muy evocativa y sugerente.

- Cobalto es un color, ¿tiene algo que ver con el título de la obra?

No me quiero referir con el título al color. En español, hablamos de un chiste verde, a la pasión le ponemos el rojo y el azul es el color del inconciente. Me gusta la palabra cobalto. El azul cobalto es de todos los colores, el de la historia del inconsciente. No en vano existe una película titulada Blue velvet (Terciopelo azul).

- Además presenta O Domina Nostra.

O Domina Nostra es una pieza dedicada a la Virgen Negra de Nuestra Señora de Jasna Gora (Polonia). Me gustaba mucho la música de Henryk Górecki y decidí crear una pieza sobre la partitura de O Domina Nostra, opus 55, para soprano y órgano, que es una meditación sobre esta imagen. En la obra, aparecen la Virgen y Jesucristo. No soy religioso, aunque sí muy espiritual. Me resultan muy interesantes estos personajes, también otros como Buda, Alá o Gandhi. Trato de bajar a la Virgen y ponerla en la tierra. Me la imagino pariendo en un establo.

- La actuación se cierra con &lsquoGnawa&rsquo.


&ndash Creé esta obra para la Hubbard Street Dance de Chicago. Escogí dos fragmentos de Mediterranea y le añadí otras piezas con música del Sáhara. Gnawa es el nombre que reciben en el Magreb los miembros de una serie de cofradías místicas musulmanas caracterizadas por su origen subsahariano y por el uso de cantos y danzas como medios para llegar al trance. La obra es como una noche de fiesta en medio del Sáhara.

- ¿Se trata de una manera de reivindicar sus raíces mediterráneas?

No necesito reivindicar nada, porque lo siento muy mío. El ritmo del último ballet es el de la fiesta de los moros y cristianos de Alicante. Se trata de ritmos que proceden de Egipto. Me gusta el cruce de culturas que se da en el Mediterráneo. Todos pertenecemos al mismo mar y existe una hermandad en torno a él.

- ¿Qué sensaciones producirá en el público el programa completo?

El público sentirá tres cosas diferentes. Algunos verán mucho erotismo, para otros será demasiado. Mis ballets son bastante abstractos, aunque el público sepa que exista una línea explicativa general que se indica en el programa de mano. Me gusta crear coreografías con una incógnita para que el público extraiga su propia conclusión. Creo que la Compañía Nacional de Danza tiene una manera de trabajar cercana, que consigue que el público sienta lo que hace.

- Hay un Duato mediterráneo, otro más oscuro y uno social.

Yo diría más político. Hay una parte de mi trabajo en la que me preocupo por el racismo y los derechos humanos. En mis coreografías, siempre ha habido oscuridad y mucha luz. Obras como Arenal, Jardí tancat o Por vos muero tienen la presencia de la muerte pululando a su alrededor. Siempre, en primer plano, el ser humano, que puede con todo. Incluso en Herrumbre busco extraer la belleza y el lado esteticista a algo tan terrible como la tortura.

- ¿Cómo definiría a la CND?

La Compañía Nacional de Danza es una de las mejores compañías de contemporáneo del mundo. Se trata de una compañía con una personalidad propia y espero poder mantenerla ahí. En la CND 1, hay veintiocho bailarines, en la CND 2, dieciséis; en total, somos cien personas trabajando, contando con el equipo.

- ¿Es CND una compañía de autor?

No es una compañía de autor. De 114 ballets que tiene la CND en repertorio, más de la mitad son de coreógrafos invitados, mientras que sólo 41 son obras mías. En Madrid, pocas veces se elabora un programa sólo con obras mías.

- ¿Cómo es el bailarín que busca Nacho Duato para su compañía?

Un bailarín con técnica, ganas de bailar y dedicado a su profesión. Gente inteligente y que sean buenas personas. Existen muchos buenos bailarines en el mundo. Debe llevarse bien conmigo y con el resto de la compañía, aunque quizás haya personalidades que no encajen. Mis bailarines me son bastante fieles.

- Dos españoles han ganado el Benois de la Danse (Oscar de la Danza), ¿a qué se debe esa explosión de la danza española?

No es una gran explosión ganar un premio. No se puede medir por los premios el nivel de la danza. De vez en cuando, sale un bailarín superdotado. La salud de la danza en España está sana: hay nuevas compañías, buenos bailarines, festivales y más apoyos.

- Se habla de su futuro en la CND.

Tengo muchas cosas que hacer el año que viene con la CND: estrenos, giras... Vamos a Argentina, Chile, Uruguay, Canadá y Francia. Ya veremos qué pasa. Sólo quiero decir que la relación con el Ministerio es muy buena.
«La danza es de por sí bastante sensual, luego entra la imaginación de cada uno»
Nacho Duato confiesa que todavía le quedan muchas cosas por hacer en la Compañía Nacional de Danza.

 

ANÁLISIS

Duatistas


Nueve ministros/as de Cultura, tanto del PSOE como del PP, son el cómputo total en el haber de Nacho Duato (Valencia, 1957), desde que se hiciera cargo de la dirección del Ballet Nacional de España Clásico, en 1990. La apuesta por la modernidad en España también pasaba por abrirse a nuevos estilos dancísticos. Con treinta y tres años, Duato representaba la savia nueva para una compañía con un camino errático, por cuya dirección habían pasado Víctor Ullate, María de Ávila y Maya Plisestkaya, desde su formación en 1979. El joven Duato tomó el testigo de la Prima Ballerina Assoluta rusa y le dio un viraje de 360 grados a la formación. Así, creó un grupo contemporáneo e hizo patente el cambio modificando su nomenclatura que, a partir de entonces, pasó a llamarse Compañía Nacional de Danza (CND). Tras una corta, pero intensa carrera de bailarín, el valenciano había despuntando con prontitud como coreógrafo siendo su opera prima Jardí tancat, acreedora del primer premio en el Concurso Coreográfico Internacional de Colonia.
Como coreógrafo, los primeros pasos de Duato estuvieron muy marcados por su herencia del gran creador checo Jirí Kylián, con quien trabajó en su etapa en Nederlands Dans Theater. Examinando con perspectiva su trabajo creativo se pueden apreciar cuatro líneas maestras: la luz del Mediterráneo (Jardí tancat, Mediterranea), los claroscuros del alma humana (White darkness, Alas), el aspecto social (Herrumbre), y el Barroco (Por vos muero, Multiplicidad, Formas de silencio y vacío). Precisamente, esta última obra le reportó el Premio Benois de la Danse 2000 -el Oscar de la Danza-. Con sus casi dos décadas al frente de la CND, ha conseguido crear una sólida compañía con una marcada personalidad, que cosecha éxitos en todos los escenarios del mundo. Y mientras el mundo de la danza en España se divide en dos bandos: duatistas y no duatistas, él, prudente espera a ver qué ocurre con el tan traído y tan llevado Código de Buenas Prácticas, cuya aplicación supondría su cese en el cargo, algo tan poco coherente como si, en San Petersburgo, hubieran destituido a Marius Petipa (1822-1910) -quien permaneció 60 años en su cargo- antes de crear La Bella Durmiente (1890), Cascanueces (1892), o El lago de los cisnes (1895).


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