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«Inculqué a mis alumnos mucho amor hacia lo que hacían»

Victor Ullate, coreógrafo

Egilea
Iratxe de Arantzibia
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2008/04/03
Se define como maestro. No en vano, ha formado a gran parte de los mejores bailarines de la actualidad, como Lucia Lacarra, Igor Yebra, Tamara Rojo o Ángel Corella, entre otros muchísimos. Pero, antes de eso, triunfó en su faceta de bailarín. Durante catorce años, formó parte del Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart (1964-1978). Hace veinte años creó su propia compañía. Vuelve a San Sebastián, esta vez con Beethoven.


Se define como maestro. No en vano, ha formado a gran parte de los mejores bailarines de la actualidad, como Lucia Lacarra, Igor Yebra, Tamara Rojo o Ángel Corella, entre otros muchísimos. Pero, antes de eso, triunfó en su faceta de bailarín. Durante catorce años, formó parte del Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart (1964-1978). Hace veinte años creó su propia compañía. Vuelve a San Sebastián, esta vez con Beethoven.

- Presenta en San Sebastián su último programa, 'Beethoven'.

- Beethoven se compone de dos partes. Eduardo Lao, director artístico de la compañía y coreógrafo, presenta 3, que trata sobre la relación entre tres personas. Eduardo ha sido un gran bailarín en el que me inspiré muchísimo y se ha revelado como un gran coreógrafo. Tras el descanso, la segunda parte es Pastoral, que coreografío yo. Tiene un carácter autobiográfico; abarca desde la infancia, la pubertad y la madurez. Se la dedico a Ángela del Moral, una persona que me dio cariño y apoyo y que ha desaparecido.

- De la producción de Beethoven, ¿por qué seleccionó la Sinfonía número 6, 'La Pastoral'?

- Siempre me gustó esta música. Es una composición musical tan hermosa, que me sentía incapaz de estar al mismo nivel que un monstruo como Beethoven, casi era como un pecado. Lo planteé como una narración de mi vida. La primera parte cuenta la inocencia de mi etapa con Antonio Ruiz Soler. Una persona que desea triunfar en el mundo. La segunda refleja mi visión del amor, muy espiritual. La tercera cuenta el paso del tiempo. ¡Me he emocionado tantas veces con esta coreografía!

- Celebra los 20 años de su compañía, ¿un milagro en España?

- Realmente, la celebración de los veinte años será en el Teatro Real, el 5 de diciembre, donde se estrenará una obra de Eduardo Lao, que recoge los momentos más especiales de cada ballet que he creado, con la historia de su maestro, o sea, yo, como hilo conductor. ¿Milagro? No existen los milagros, sino es un reflejo de mucho empeño por mi parte. Este año, hemos firmado un convenio con Esperanza Aguirre, a partir del cual somos compañía titular de la Comunidad de Madrid Así se asegura que la compañía continúe conmigo o sin mí.

- Se define como maestro, pero ha sido maestro de los grandes, entre ellos, de las guipuzcoanas Lucia Lacarra e Itziar Mendizabal. ¿Qué les da a sus alumnos para que formen la élite de la danza mundial?

- Mucho amor hacia lo que hacían, mucha dedicación. Tuve una bailarina a la que consideré como mi hija, Lucia Lacarra. Me he sentido un padre para ella. Lucia siempre me trata con palabras de cariño y halago hacia mí. Cada alumno me emociona cuando baila. Siempre he dicho que cada uno baila como es y Lucia tiene algo tan especial como bailarina y como persona. Es sublime. Itziar Mendizabal me recordaba a Lucia, en su gesto de cariño.

- Habla de Lucia con pasión, pero dicen que lloró cuando se fue Tamara Rojo. ¿Ha sido desgarrador ver cómo se iban al extranjero?

- Lloré con Tamara Rojo. Pero, con Lucia, no sólo lloré sino que no dormía. Se me iba mi niña, pero la libertad del ser humano es muy importante. No estaba triste porque se fueran y los perdiera, sino porque España ya no los iba a poder ver como bailarines.

- Probablemente sea poco conocido el dato de que usted bailó en el Victoria Eugenia, con el Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart.

- Estrené la obra Nomos alpha, con música de Iannis Xenakis, en el Teatro Victoria Eugenia, en los años 70. Era un solo de veinte minutos, con coreografía de Béjart. Hasta el ensayo general, no pude ensayar con Béjart, así que salí con la incertidumbre de si me acordaría o no. La obra trataba de un loco encerrado entre cuatro paredes y rozaba la esquizofrenia.

- Habla de Béjart, un genio de la danza del siglo XX, recientemente fallecido. ¿Qué perdió la danza?

- Béjart no sólo es el coreógrafo al que he admirado, ha sido padre, amigo y consejero. Con su muerte, ha quedado un gran vacío. Ningún coreógrafo ha llenado estadios con 25.000 personas. Hoy día, hay coreógrafos importantes como Jirí Kylián o William Forsythe.En mi corazón, he perdido a alguien tan cercano como mis padres. Parte de lo que soy se lo debo a él. Uno debe tener su propio lenguaje y personalidad, pero existe mucho de Maurice en mí.

«Inculqué a mis alumnos mucho amor hacia lo que hacían»
El bailarín y coreógrafo Víctor Ullate.
 

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