Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «Hay muchos bailarines con talento y todos tenemos que marchar fuera»

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«Hay muchos bailarines con talento y todos tenemos que marchar fuera»

Triunfa en una prestigiosa compañía de ballet alemana aunque él sigue añorando La Concha. A los 16 años el donostiarra Jorge Nozal dio el salto a Stuttgart, donde ha consolidado su carrera como bailarín. «Ahora me piden autógrafos y todo», confiesa la ené

Egilea
Jorge Napal
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2004/03/25

-¿Qué se le pasó por la cabeza a los 16 años para no pensárselo dos veces y marchar a Stuttgart?

-Siempre me había gustado bailar. Al principio lo hacía como afición aunque posteriormente entré en el Conservatorio y fue ahí donde me preguntaron si quería dedicarme en un plan más profesional. Surgió la posibilidad de ir a Stuttgart y sin pensarlo dije que sí. Aquí había llegado a mi tope.

-Y entró en el John Crankoschule.

-Sí, es la escuela en la que me formé durante unos años y que está junto a la compañía en la que posteriormente entré y en la que trabajo actualmente.

-¿Tan claro tenía lo de irse con tan sólo 16 años?

-Sí, sí, desde siempre. Quería hacer algo más. Por eso me he formado durante cinco años en ballet clásico, que es muy importante para abrirte otras puertas. De todos modos en un futuro tengo pensado adentrarme en el ballet moderno, que es más lo mío.

-Hasta ahora ha trabajado como semisolista, ¿el paso previo para alcanzar su objetivo?

-No, mi objetivo nunca ha sido llegar a ser un primer bailarín, un solista, sino disfrutar de la vida y hacer lo que me gusta. Luego, que llegue lo que tenga que llegar.

-¿Cómo se desenvolvió en un principio al llegar a Stuttgart?

-No tenía ni idea de inglés ni de alemán. Entré en el internado de la escuela y la verdad es que al principio no entendía nada. Pero estudiaba cinco horas diarias de alemán y aprendí muy rápido. Para el segundo año ya me saqué el graduado escolar alemán.

-¿Cómo así?

-Es que al estar en un internado y tener clases de ballet sólo por la tarde, a la mañana nos obligaban a ir a la escuela...

-¿Se ha encontrado con mucha disciplina?¿Cuántas horas de preparación?

-Comenzamos a trabajar a las 10.30 de la mañana. Calentamos durante dos horas, y posteriormente, hasta las 18.30 de la tarde ensayamos las diferentes piezas que vamos a interpretar.

-¿Muchas giras?

-Todos los años salimos de gira. El año pasado estuvimos seis semanas por California, Nueva York, San Louis, Japón, China, Corea, Italia, El Cairo, ahora vamos a Luxemburgo... la verdad es que es una gozada haber tenido la oportunidad de recorrer tantos sitios. Ha sido increíble lo que he conocido en cinco años. No lo habría imaginado nunca.

-Trabaja en Stuttgart Ballet, una importante compañía integrada por 70 bailarines. ¿Para cuándo por estas tierras?

-La dirección de la compañía tiene la intención de venir pero creo que el país no paga lo suficiente. Entre trajes, técnicos, luces y escenografía, al final tienes que mover a un grupo superior a 100 personas y hace falta mucho dinero.

-El Kursaal acogió hace unos meses Vasos Comunicantes, un proyecto cuyo objetivo era reunir a primeros bailarines españoles forjados en prestigiosas compañías extranjeras.

-Sí, eso me comentaron, para demostrar el potencial que hay.

Es que aquí no hay nada y, de hecho, muchos bailarines se han tenido que ir fuera. Es una pena porque hay muchísimo talento pero todos al final tenemos que marchar. Al ballet no se le valora como debiera e, insisto, el nivel de los bailarines es muy bueno.

-¿Suele hablar de esta cuestión con sus compañeros de profesión?

-Sí, en la misma compañía en la que estoy yo hay otros españoles que dicen que deberían ayudarnos más pero...

-¿Recibió algún tipo de subvención cuando marchó?

-Nunca. Esa es una espina que tengo clavada porque mientras mi propio país no me ayudó económicamente, en Alemania sí lo hicieron, además de darme trabajo.

-¿Qué diferencias encuentra entre ambos tipos de público?

-Hay una diferencia increíble. Tanto la ópera, como el teatro o conciertos de orquesta, siempre están llenos. La gente está superinteresada e incluso suelo firmar autógrafos después de las actuaciones. El público se interesa mucho, y te conoce, y sabe de dónde vienes. Yo creo que en este sentido, aquí nos ven como a los de Operación Triunfo. (sonríe) En España, antes de que se cierre el telón, la gente ya se está levantando para ser el primero en sacar el coche del parking. Allá no, te aplauden un montón, incluso demasiado.

-¿Añora su tierra?

-Sobre todo el mar. Siempre pienso lo que me gustaría levantarme e ir andando por La Concha hasta el trabajo.

-¿Hay contraste estético también?

-Muchísimo. Allá todo es muy feo, muy oscuro y callado. (risas) Para las ocho de la tarde la verdad es que ya no se ve a nadie por la calle.

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