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«Black Swan», ballet y horror sicólogico de Aronofsky para abrir la Mostra de Venecia

Egilea
Mateo S. Cardiel
Komunikabidea
Gara
Tokia
Venecia
Mota
Albistea
Data
2010/09/02

Aronofsky, ganador del León de Oro hace dos años por «El luchador», regresó con honores al Lido veneciano con una suerte de respuesta a aquella cinta: si entonces escarbó en la bestia para hallar belleza, ahora explora la exquisitez de una bailarina para descubrir tras ella a un violento animal.

«El mundo del ballet y el de la lucha están muy relacionados. Son cuerpos sometidos a una intensidad física muy grande, aunque cada historia tiene, desde luego, su propio estilo», explicó el cineasta, quien se ha inspirado en «El lago de los cisnes», de Tchaikovsky, para tejer su enfermizo nuevo filme.

«Black Swan», aprovechando la dualidad del ballet del compositor ruso entre el cisne negro y el cisne blanco, está confeccionada con extremos que se tocan: disciplina y descontrol, pasividad y agresividad, realidad e imaginación, virginidad y pecado, dolor y placer.

«Es una exploración del ego artístico. Ese narcisismo que crea atracción y rechazo por uno mismo», aseguró Portman, quien incluso tiene una escena de sexo con su otro yo en el filme, y conoce de primera mano el doble filo de ser superdotada desde bien pequeña, cuando deslumbró con trece años en «León (El profesional)».

«El cisne blanco representa a alguien que actúa buscando corresponder a lo que los demás esperan de ella. El negro piensa en satisfacerse a sí misma», resumió. Y ella consigue dar la dimensión justa a toda la gama que va entre los dos colores hasta transmitir el verdadero terror de un personaje tan atrapado en la técnica que no conoce la pasión.

«Supongo que tengo una herencia de la concepción rusa del drama, puesto que mi abuela era ruso-rumana», detalló quien, para preparar el papel, entrenó durante más de un año -el proyecto comenzó a gestarse en 2002- y, en los últimos seis meses, dedicó a su forma física una media de cinco horas al día. Con Barbara Hersey como madre castradora, Winona Ryder como bailarina en decadencia y Vincent Cassel como director de la compañía de danza, Aronofsky forma las piezas de un puzzle opresivo y angustioso en el que sólo hay una meta: la absoluta perfección del espectáculo.

Exigente y real

Juntar un arte tan exigente con el horror sicológico, emparenta esta cinta con títulos como, por ejemplo, «La pianista», de Michael Haneke. Pero, Aronofsky, si bien mueve su cámara con elegancia, apuesta por un lenguaje más explícito.

«El mundo del ballet es extremadamente cerrado. Así como para otros proyectos sólo encuentras facilidades, cuando quisimos profundizar en él, no nos devolvían las llamadas», dijo. Y, a pesar de que «Black Swan» es una cinta al límite, el coreógrafo de la cinta, Benjamin Millepied, explicó que «todo lo que se ve en la película sucede de verdad en el mundo del ballet».

Mañana, el polifacético artista Julian Schnabel, con «Miral» y el japonés Tran Anh Hung, con su mirada al libro «Norwegian Wood», compondrán la jornada competitiva junto con la italiana «La pecora nera», de Ascano Celentino.

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