Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «Bailar tango es coger a tu pareja y echar a andar hasta donde llegues»

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«Bailar tango es coger a tu pareja y echar a andar hasta donde llegues»

Bakartxo Arabaolaza y Joseba Pagola, bailarines y profesores de tango

Egilea
Amaia Ereñaga
Komunikabidea
Gara
Tokia
Andoain
Mota
Elkarrizketa
Data
2007/08/24

Una historia de amor en cuatro minutos, sexo y tristeza, rebeldía arrabalera... las definiciones y las frases relativas al tango son numerosas y de lo más poéticas. De aquellas canciones de Carlos Gardel a la modernidad de Astor Piazzola hay un largo camino que ha pasado por sus momentos de gloria, sus épocas menos rutilantes y la recuperación y la renovación actual a cargo de las nuevas generaciones. En Andoain están lejos del Río de La Plata, aunque, para sentir el baile dicen que no hay más que apelar a los sentimientos y dejarse llevar por el abrazo de la pareja.

En el pequeño pero coqueto local donde dan las clases en la localidad guipuzcoana, aunque tendrán que mudarse pronto a otro lugar, Joseba Pagola y Bakartxo Arabaolaza ensayan y nos muestran las grabaciones de sus alumnos. Producen una sana envidia, hay que reconocerlo, tanto como el baile elegante, difícil de definir de esta pareja que, paso a paso, se han abierto un hueco en el exclusivo circuito del tango profesional, casi con ruido. De hecho, son una de las dos parejas del Estado español que se mueve en este mundo internacional. Ahora, viajan a Munich y en setiembre a La Plata. Tal vez los argentinos les encuentren un único fallo: sus nombres. «A mí me suelen llamar Bakartxo», dice Joseba entre risas, aunque al tango lo euskaldun no le resulte extraño: hay numerosos tanguistas en la historia de procedencia vasca.

Organizadores del Festival de Tango de Andoain, profesores en su localidad, ganadores del concurso televisivo «Dantzaki», hace algunos años organizaron el espectáculo «De recuerdos y de tanto», una experiencia gratitifcante que supuso un antes y después para la pareja. A partir de ahí, saltaron en solitario al circuito.

¿Cuál es su estilo, lo que les define? He leído que hablan de la importancia del abrazo.

Bakartxo Arabaolaza: Para mí es una obsesión. Si la psicomotricidad de una persona ya es complicada, imagínate entre dos: cada uno controla la suya, pero luego hay un lugar común donde se tienen que generar una serie de movimientos. Mi obsesión es llegar a una armonía en esa conjunción de hombre y mujer. Cuando ves bailar a una pareja ves cuándo los movimientos fluyen de una forma suave y armónica, y cuándo hay tensiones o fuerzas. Esa es mi obsesión, llegar a esa situación de armonía, de que los movimientos fluyan, como cuando uno está tumbado en la colchoneta de la playa y va al compás.

Pero parece más un baile brusco, casi una pelea.

Joseba Pagola: Ha cambiado mucho. Hay ahora una forma de bailar que se llama tango nuevo.

¿Pero quién manda?

B.A.: El hombre (con sorna).

Decía Borges que sólo los argentinos puede sentir el tango.

J.P.: Yo estuve en Argentina por primera vez el año 98. Los de fuera, entonces, de alguna manera eran de segunda; pero hoy en día está mucho más aceptado, porque ven que en el exterior también se baila bien. Además, también les interesa que no sea un monopolio. De todas formas, los mejores profesores argentinos están en Europa o en Japón, por cuestión económica.

¿Por qué el tango? Bakartxo tiene una larga experiencia, que arranca con el aerobic.

B.A.: Por las sensaciones. Creo que cada sensación nueva que se consigue con el tango es muy satisfactoria. Es esa cosa que genera el movimiento, como quien entra en una noria; esas sensaciones corporales de pareja no las siento en otros bailes. Y luego para mí, muy importante, el ingrediente que tiene de improvisación. Lo que sientes en el instante para mí es genial, lo más. Por eso mi objetivo es conseguir una comunicación con la pareja tal que haya una armonía de movimientos por la que no haga falta aprender de memoria una coreografía para bailar. Todos los bailes tienen un paso básico que el tango no tiene; bueno, lo pondría entre comillas, porque lo había, pero nosotros no lo utilizamos. Ese paso de ocho movimientos que ya ni lo enseñamos a nuestros alumnos, porque consideramos que bailar tango es agarrar a tu pareja y caminar, andar. Luego de ahí empieza a desarrollarse todo el entramado de lo que son los dificilísimos pasos del tango, pero que son una evolución del caminar. El que no tengas la limitación de un paso básico, que en el tango es coger a al pareja y echar a andar hasta donde llegues, te abre una posibilidad que a mí, otros bailes no me han abierto.

J.A.: En mi caso, yo hacía euskal dantza y luego empecé con los bailes de salón, con la salsa, que era lo más accesible. A mí siempre me ha gustado la música más tranquila. En cuanto empecé a tomar las clases me enganché de lo que es la música y luego de improvisar. Tango es como que no termina nunca... se puede aprender en poco tiempo para disfrutar, pero si quieres seguir, no tiene fin.

Es también muy callejero.

J.A.: El de las milongas (fiestas-demostración donde se baila en un salón) en un ambiente que va conmigo: me puedo pasar desde las 10 de la noche hasta las 5 de la mañana bailando tango, pero no lo podría hacer con ningún otro baile, me aburriría. Además, yo creo que el tango es como un idioma, un idioma que sería universal, porque puedes bailar con una japonesa o con una belga y comunicarte perfectamente. Si sabes el idioma lo puedes hablar; no hablas ni una sola palabra, pero estás bailando.

¿Pero no se habla con la pareja?

J.A.: Dentro del tango y del ambiente hay unos códigos que vienen de Argentina, dentro del comportamiento de lo que es una milonga. Normalmente se bailan tandas de cuatro o cinco bailes con la misma persona. Mientras bailas no hablas nada; cuando termina y empieza el siguiente hay unos 10-20 segundos para hablar antes de abrazarse otra vez. Normalmente suelen ser cinco tangos, que, si estás a gusto, los bailas; si no, lo dejas, aunque generalmente se respeta. Es verdad que en el tango es más fácil decir que no. Siempre pide baile el hombre y en algunos lugares todavía se mantiene el cabeceo, que consiste en pedir a distancia: si te retiran la mirada no pasas el apuro de ir hasta allí, que te digan que no y tener que darte la vuelta.

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