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«Bailar es una profesión de nómada»

Lucia Lacarra

Egilea
Jesus P. Ruano
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2001/08/22
-¿Qué cree que aportan las galas en las que participan bailarines de distintos ballets?
-En primer lugar, brindan la oportunidad de actuar en casa a los bailarines que tienen su residencia profesional en el extranjero, como es mi caso. Y además, el público tiene la ocasión de ver a intérpretes de distintas compañías en la misma noche que reflejan en sus actuaciones los distintos estilos de danza, lo que permite hacerse una idea del abanico de coreografías que existen en la actualidad.
-En Gipuzkoa, 2.000 jóvenes practican la danza. Se suele comentar que hay mucho talento pero pocas salidas. ¿Es esto así?
-No sé si el talento que existe aquí tiene algo que ver con el amor que en Euskadi se profesa a la danza, pero es indudable que hay muchísimo. Hay un derroche de energías y unas ganas de bailar que se notan. Yo encaminé mis pasos hacia el extranjero porque sentía la inquietud y la necesidad de saber lo que había fuera. El mundo de la danza es un universo muy expandido y no me podía quedar en un sitio concreto sin probar este abanico de posibilidades. Por otra parte, sé de muchos bailarines que les encantaría volver a Euskadi, pero eso por el momento no es posible. Y es muy triste, ya que existe la materia para crear algo.
-Entre sus preferencias profesionales, ¿está el volver algún día a Euskadi?
-Cada uno debe seguir la dirección que su carrera le lleve. Y en mi caso, ésta ha estado muy basada en el extranjero. Pasé varios años en Francia y ahora estoy en Estados Unidos. Si algún día se me cruza en mi camino la posibilidad de volver, por supuesto que retornaría, aunque sólo pienso en el día a día.
-A pesar de su juventud, ha pasado la mitad de su vida fuera. ¿Qué le ha aportado este ‘exilio’ profesional voluntario?
-Sobre todo he aprendido que la vida de un bailarín es nómada, en la cual no puedes desaprovechar las oportunidades, vengan de donde vengan. Lo que tienes que tener claro es que quedándote en tu casa no te va a venir nada a tu puerta. Desde joven tenía claro que debía ir a por todas aún teniendo dudas y no tener miedo de una nueva experiencia, de un nuevo sitio, de otro idioma, de una nueva compañía. Esta perspectiva me ha dado una madurez muy importante y he aprendido a luchar.
-¿Ha notado diferencias en las formas de trabajar entre Europa y EE UU?
-Muchísimas. Sobre todo, cuando llegas a EE UU te das cuenta de que la mentalidad es completamente diferente a la europea. Es mucho más competitiva. Las cosas están mucho mejor organizadas pero hay un poco menos de ‘alma’. Allí estás considerado como un bailarín profesional y en ello cabe que te ocupes de estar al nivel de exigencia requerido. Aquí, por contra, los bailarines están un poquito más mimados dentro de la compañía.
-¿Cómo es un día-tipo de Lucía Lacarra?
-Excepto el domingo, me levanto a las siete, que es cuando más energía tengo, para aprovechar la mañana. De diez a once y cuarto tenemos la clase de danza, y desde esa hora hasta las 18.30 ensayos las diferentes obras. Se trata de una vida muy poco glamurosa, ya que no tienes tiempo de fiestas para codearte con gente famosa. Termino el día tan cansada que en lo único que pienso es volver a casa, comer e irme a la cama para estar en forma al día siguiente.
-Los ensayos son fundamentales, ya que es lo que va a hacer que tu cuerpo y tu mente estén en forma. Cuando ensayas un ballet muchas veces, éste se convierte en algo natural en tu cuerpo. Esto permite que en escena te puedas dejar llevar y poner una emoción en lo que estás haciendo, ya que tu cuerpo conoce el movimiento.
-¿Qué le aporta la danza?
-Más que aportarme, es mi forma de vivir. No he conocido nunca otra. Siempre he querido bailar. Es la única pasión que he sentido desde pequeña como una necesidad interior. Es un poco el carburante que me ayuda a seguir adelante y disfrutar con lo que hago. Lo más gratificante es cuando el público te trasmite que has sido capaz de comunicarte con él. Es como crear un puente entre el bailarín y toda la gente que está en el auditorio. Este es el sentido de la danza y por ello es un arte que trasmite emociones. Y no una gimnasia, un simple movimiento físico.
-Dentro del mundo de la danza, ¿sus preferencias son clásicas o contemporáneas?
-Más bien en el ámbito clásico y neoclásico. Me interesa la danza que me deja espacio para poder expresar algo. No me interesa bailar algo abstracto sólo por el movimiento. Siempre intento poner un sentimiento y buscar un sentido a los pasos que estoy haciendo. Lo que más me llena es la electricidad que siento dentro de mí cuando estoy interpretando algo.
-¿Qué planes alberga de cara al futuro?
-Yo siempre he visto el futuro como una puerta abierta llena de posibilidades. Siempre he intentado trabajar día a día y seguir haciendo lo que me gusta durante todo el tiempo que pueda. Muchas veces pensar en el futuro suele significar que estás frustrado en el presente.

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