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80 vecinos de Zumaia viajan hasta Burdeos para aplaudir a Lucía Lacarra

Egilea
Joxean Agirre
Komunikabidea
Gara
Tokia
Zumaia
Mota
Erreportajea
Data
2004/03/18

Con 13 años abandonó Zumaia, su localidad natal, con la fe y la determinación de una adolescente que quería ser bailarina, pero probablemente ni en sueños se imaginaba que varios años más tarde llegaría a ser una de las mejores bailarinas del mundo. Hace dos años recibió el Benois de la Danza en el teatro Bolshoi de Moscú, un galardón constituido por la Unión Internacional de Coreógrafos. Ese premio se sumaba al Nijinsky, conseguido por la bailarina un año antes, una distinción que la acreditaba como la mejor bailarina del año, una especie de Oscar de la danza. En enero de este mismo año volvía a Euskal Herria para recibir el premio Sabino Arana en el apartado de Cultura. Cada uno de estos premios y cada uno de sus éxitos han sido celebrados de forma especial en su pueblo, Zumaia, que ayer organizó dos autobuses para viajar a Burdeos, donde actuaba.



La comitiva salió de Zumaia a las nueve de la mañana para llegar a Saint-Emilion, una localidad medieval, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco y considerada uno de los pueblos más bellos del Estado francés. Tras comer en la localidad, realizaron un visita guiada a la villa y a sus monumentos para volver sobre sus pasos, visitar en autobús Burdeos, realizar un paseo por su casco viejo y reunirse frente a las oficinas de turismo, desde donde partieron hacia el teatro del Gran Casino, donde actuará Lucía Lacarra a partir de las 20.00. «Muchos de los viajeros son gente adulta, pero también hay un grupo numeroso de jóvenes que han tenido que pedir permiso en sus lugares de trabajo. Tenemos la intención de entregarle un recuerdo al final de la representación, un ramo de flores, por ejemplo», prosiguió Miriam Romatet.



La madre de Lucía Lacarra, Mila, que tiene con la hija una relación telepática, viajó en coche después de comer, junto a otra hija y varios familiares. «Tenemos una relación muy estrecha y voy a visitarla siempre que puedo. El 23 de febrero estuve con ella en Munich y en Burdeos, después de la función. Vamos a cenar juntos y quedamos para pasar la noche», dijo. Lucía Lacarra comenzó a recibir clases a los 13 años en la academia de Mentxu Medel, en Donostia. Con 14 años llegaba a la escuela de Víctor Ullate en Madrid. Con 15, Ullate le ofreció su primer contrato y a los 18 viaja a Masella para integrarse en el Ballet National de Roland Petit, con quien trabajó durante tres años.



Lucía Lacarra es una nómada que en cada etapa prepara el salto a la siguiente. En 1997 decidió trasladarse a los Estados Unidos, al Ballet de San Francisco, y hace dos años firmó con el Ballet de la Opera de Munich, donde recibió el galardón a la Mejor Bailarina del Mundo que se entrega en Mónaco, el premio más importante de su carrera. Sin embargo, su estancia en Marsella fue especial, por la relación que tuvo con uno de los grandes genios de la danza, Roland Petit, quien le ha requerido para ofrecer este nuevo montaje.



«Se trata de un repaso a la vida y a la obra de un genio. En este montaje, el papel más relevante corresponde al propio Roland Petit quien mediante una pantalla va relatando su vida, su infancia, su relación con su tiempo. Va relatando episodios de su vida y habla de las relaciones que más han influido en su obra, su amistad con Cocteau, Fred Astaire o Picasso y, aunque las coreografías o fragmentos que interpretamos tienen un protagonismo evidente, se insertan siempre de forma cronológica en el marco de su obra», relató Lucía Lacarra. El hecho de que Lucía Lacarra sea la única bailarina en escena, junto a cinco bailarines, tiene su explicación. «De alguna manera yo represento o encarno todas las bailarinas con las que ha trabajado él o en las que se ha inspirado para crear su obra, porque la mayoría de sus coreografías estaban inspiradas en bailarinas concretas. Tuvimos una relación muy especial desde el primer día. El decía que se inspiraba conmigo y yo me inspiraba en sus coreografías», dijo la bailarina.



Joxean AGIRRE



ZUMAIA

«Se que no desentonaran»

Lucía Lacarra no teme que sus paisanos desentonen en un teatro tan elegante como el Grand Casino de Burdeos. «Hay una idea falsa sobra la etiqueta en el ballet. Mucha gente piensa que las representaciones de ballet tienen que estar acompañadas siempre de un ambiente conmedido y elegante, pero eso era antes. Hoy no esa así. Cada cual puede manifestar y exteriorizar los sentimientos que le inspira el espectáculo de la forma que crea más conveniente. Si la gente que viene a verme desde Zumaia quiere gritar o manifestar sus sentimientos o su alegría, pues estupendo, a mí desde luego no me molestarán», nos dijo la propia bailarina, que en la noche del domingo había participado en una gala en la Opera de Munich y el lunes viajaba a Burdeos. Según explicó, el montaje fue estrenado en París a principio de mes y, tras cinco representaciones, pasó a Lyon, donde ha tenido otras tantas funciones. «Es como si estuviera realizando el trabajo de dos bailarinas», dijo la zumaiarra desde Munich.

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