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25 años haciendo puntas

Egilea
Isabel Landa López
Komunikabidea
El Pais
Tokia
San Sebastián
Mota
Albistea
Data
2012/04/01
Lotura
El Pais

Hacen falta muchísimas horas de sudor en la barra, frente al espejo, sobre unas zapatillas de puntas para llegar a ser una primera bailarina en las principales compañías de danza. Palabras como esfuerzo, sacrificio o dedicación van ligadas como las cintas al tobillo desde la infancia.

El Conservatorio Municipal de Danza José Uruñuela de Vitoria, que acaba de celebrar sus 25 años de vida, sabe lo que significa trabajar con objetivos a base de tesón. “Ha sido un recorrido lento, duro y difícil, pero hemos logrado ofrecer enseñanzas profesionales y eso da mucha satisfacción”, explica su directora, Carmen Tercero.

Ha llovido mucho desde que terminase sus estudios la primera promoción, formada por ocho bailarinas —“ningún chico”, recalca Tercero—. Hoy suma 170 alumnos de ellos el 10% varones, un porcentaje que “sigue siendo bajo”, añade. Tercero opina que los centros educativos y los padres tendrían que ayudar contra la intolerancia: “Al educarles hay que dar igualdad de oportunidades para bailar”.

El centro es el único conservatorio oficial de danza de Euskadi

Son numerosas las bailarinas que han salido de las aulas del José Uruñuela y ahora brillan como solistas. Algunas incluso vuelven para dedicarse a la docencia, como Arantza Susunaga, quien tras 15 años como primera bailarina en varias compañías alemanas regresó hace dos años para rediseñar su futuro profesional.

Las últimas en despegar han sido Aiara Iturrioz, quien se incorporará al Ballet de Stuttgart, junto a Alicia Amatriain, primera bailarina de esta compañía y Oihane Herrero, primera solista; Laura Pérez, Raquel Santamarta y Leyre Cabrera, incorporadas a la compañía de Ángel Corella, y Ane Anza, miembro de la compañía Dantza.

“Es un sacrificio lograr ser bailarín profesional”, dice su directora, Carmen Tercero

La enseñanza elemental comienza a los ocho años con cuatro horas semanales. A los 12, los alumnos inician el grado profesional, que se extiende hasta los 17 y 18 años, cuando el baile ocupa todo el día y se compagina con el bachillerato a distancia o nocturno. “Hay que tener talento, condiciones físicas y la cabeza bien amueblada, porque es un sacrificio lograr ser un bailarín profesional”, señala Tercero, quien lleva desde el inicio del centro bregando para sacar adelante el ballet clásico.

El José Uruñuela es el único conservatorio oficial de danza de Euskadi. En sus aulas se forman bailarines vascos que antes se tenían que desplazar a Madrid o a Barcelona para continuar con su formación. Su objetivo actual es lograr una escuela superior y una compañía joven de ballet clásico, “para que nuestros bailarines no tengan que irse con 18 años y puedan antes conocer lo que es la carrera profesional”, incide su responsable.

Tercero defiende que esos estudios superiores arranquen en Vitoria aprovechando el afianzamiento del conservatorio y se amplíen a los otros territorios en función de la demanda.

Ensayo de alumnos en el Conservatorio de Danza José Uruñuela de Vitoria. / L. RICO

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