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2.000 dantzaris reivindican los bailes tradicionales en Barakaldo

La cita anual del Euskal Herriko Dantzari Eguna reúne, bajo la lluvia, a 57 grupos en la ciudad deportiva de San Vicente

Egilea
Jon Fernández
Komunikabidea
El Correo
Tokia
Bilbao
Mota
Albistea
Data
2006/09/25

Ni siquiera la lluvia y el fuerte viento reinantes deslucieron el espectáculo, plagado de colorido. La jornada comenzó bajo una tromba de agua. Al son de un centenar de txistularis y gaiteros -con la banda municipal al frente-, los 'gigantes' del grupo Laguntasuna interpretaron los acordes de un vals.

Todos los dantzaris bailaron al unísono. A continuación, representantes de Euskadi, Navarra y el País Vasco francés fueron pasando uno a uno por el improvisado escenario. Todos ellos aguantaron el tipo, aunque se vio más de un resbalón. «Es difícil mantener el equilibrio sobre hierba tan húmeda», explicó el dantzari bilbaíno Aitor Martín.

Fandangos, jotas, la danza de los arcos, 'makil-dantza' Las variantes fueron innumerables. Y también las vestimentas, aunque ciertas prendas son comunes a todos. La txapela, el traje blanco y el pañuelo atado a la cintura no faltan en la indumentaria masculina. En las féminas, las faldas largas marcan el uniforme. Pero eso no impide, en cualquier caso, que cada grupo tenga su estilo propio. «Nosotros parecemos guerreros para interpretar más fielmente la 'ezpatadantza' (baile con espadas)», explicó Gontzal Etxebarria, de Legazpi.

Feria y romería

El Dantzari Eguna de Barakaldo no consistió exclusivamente en una exhibición de bailes tradicionales. En la cita organizada ayer por cuatro grupos locales y por la Euskal Dantzarien Biltzarra también tuvo cabida una feria de folklore. Catorce puestos expositores de artesanía se instalaron en el parque de San Vicente para dar a conocer prendas, instrumentos y otros objetos tradicionales. Además, en el mismo escenario tuvo lugar una comida popular.

Para cerrar la cita anual de los dantzaris se celebró una romería con el grupo Luhartz. El cielo concedió una tregua y, al final, los participantes no tuvieron que regresar a casa antes de lo previsto. Ahora comienza la cuenta atrás para el próximo Dantzari Eguna. «Es un trabajo que cada día es más difícil, porque nos encontramos con muchas trabas», se lamentó Iñigo Couto, uno de los representantes de la organización.

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