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1986. El Maiatza Dantzan, presente en la vida diaria

La calle de la memoria

Egilea
Mikel G. Gurpegui
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Kronika
Data
2006/05/25
Pues sí, pero cada año hay algún donostiarra que conforme pasa este mes recuerda con nostalgia aquellos tiempos cercanos en que mayo era nuestro mes de la danza. El festival Maiatza Dantzan, promovido por la Diputación Foral de Gipuzkoa, nació en 1983 y vivió su última edición en el año 2000.

Durante ocho ediciones fue un escaparate para ese extraño mundo de la danza contemporánea. En formato de festival, hacía que algunos profanos nos sintiésemos empujados a acudir al teatro Victoria Eugenia que, efectivamente, nunca se llenaba con este tipo de propuestas. Precisamente, el cierre del teatro para la realización de sus eternas obras precipitó la desaparición del Maiatza Dantzan.

Las Jornadas de Danza Contemporánea hicieron un esfuerzo por salir al encuentro del público. En la tercera edición, la de 1986, las sesiones se completaron con proyecciones de vídeo-danza, un ensayo abierto gratuito del Ballet Choregraphique de Rennes y unas instalaciones callejeras.

En diversos jardines donostiarras se colocaron figuritas de danzantes de metal que recordaban a los donostiarras que estábamos en el mes de le danza. Como señalaba entonces DV, «con motivo de la celebración en San Sebastián de las III Jornadas de Danza Contemporánea, Maiatza Dantzan, que organiza la Diputación, diversos monolitos representando figuras de bailarines de metal han sido colocados en varios puntos de la ciudad. Las jornadas, que tendrán lugar en el teatro Victoria Eugenia entre los días 24 y 29 de este mes, estarán así presentes aunque sea simbólicamente en la vida cotidiana donostiarra, saliendo del marco limitado del teatro».

En aquella edición del Maiatza Dantzan pudo verse a la compañía de Peter Goss -Franciasco Esnaola destacó en su crítica «la belleza del gesto, la armonía dinámica, la claridad del mensaje artístico»-, al Theatre Choreographique de Rennes y al sueco ballet Cullberg.

Esnaola, en DV, lo elogió «porque lo vimos preciso, elegante, expresivo, bien provisto de una hilación argumental en cada una de sus representaciones». «Su arte se asienta en la paradoja. Hay provocación en el gesto, exageración en la mímica pero su lenguaje penetra hasta lo más recóndito del corazón».

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