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Tolosa, simbolos y tradiciones

Tolosako 1979ko Sanjuanetako egitarauan argitaratuta

Juan A. Urbeltz, Argia’ko zuzendaria

Tolosa se dispone a celebrar, una vez más, sus tradicionales fiestas de San Juan, aquellas que conservan en su interior los viejos ritos del agua y del fuego, expresión singularísima del ciclo solsticial.

Es natural que en fiestas de tan vieja raíz se entremezclen símbolos de distintas procedencias y épocas con una carga semántica de difícil análisis. Dificultad esta que proviene, así lo suponemos, de la particular interpretación que a lo largo del tiempo se han dado a los distintos elementos que integran las fiestas, per que, normalmente, dejan de lado a la fiesta en sí misma considerada.

El fenómeno de la fiesta como ente de características propias y, en cierta manera, constantes, ya fue estudiado por Huizinga en un libro memorable, sobre el que siguieron aportaciones de distintos campos de la antropología cultural y de la historia de las religiones. La fiesta observada desde este ángulo constituye un tiempo “sagrado” y se inserta, a su vez, en un espacio “sagrado”, espacio y tiempo que nos devuelve a los “orígenes”, al acto de creación primordial, al mito del “eterno retorno” teorizado por Mircea Eliade sobre una más amplia base documental.

Es normal que este hecho, tal y como está concebido, participe de todos estos elementos ceremoniales; pues aunque el concepto de fiesta se nos presente como un fenómeno creador de alegría, contrapuesto a lo “serio”, no se puede concebir aquella en su totalidad sin la aproximación de estos dos rasgos.

En la fiesta cada comunidad expresa todo un cúmulo de relaciones que inciden en la búsqueda de una mayor cohesión del cuerpo social, no en vano es un tiempo “sagrado”, a cuyo final, un nuevo ciclo “profano” esta vez, era estrenado, habiendo nacido, por tanto un año nuevo.

La importancia que se atribuye a la fiesta; como fenómeno lúdico, conlleva también una expresión particularista, diferenciadora. Y no podría ser de otro modo, pues en ella cada pueblo trata de sujetar y exhibir, por un vez al año todo su pasado; y si éste, como en el caso de Tolosa, es amplio y profundo, resulta todavía de mayor importancia su conservación y recuperación allá donde sea posible.

De ahí que una vez al año, y por unos días solamente, suenan melodías y canciones que se apagarán hasta el año próximo, danzas que no se repetirán fuera de este tiempo “sagrado” y procesiones donde las autoridades civiles y religiosas ostentarán los atributos propios de su condición. Tal ha sucedido con algunas prendas usadas por las corporaciones municipales guipuzcoanas desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del presente, donde la capa y la chistera, símbolos de autoridad, eran empleadas en las ceremonias más importantes de cada localidad, y su uso todavía está vigente en algunas cofradías religiosas como es el caso de Oñate.

En distintos lugares del País Vasco se han presentado en épocas diferentes, otros atributos de autoridad que acompañaban con su presencia el desarrollo de los actos festivos; así tenemos que en Lesaka el Síndico lleva una alabarda propiedad de la villa y en la Merindad de Durango era tradicional que el “chuzo”, un asta de madera terminada en una punta de hierro, fuera clavada en el suelo en el lugar que ocupaba la autoridad para presidir las danzas.

Un significado de este tipo presenta la espada que en la procesión cívido-religiosa tolosarra es exhibida por el Síndido, actualmente concejal de menor edad y de la cual se ocupó Gorosabel en su “Bosquejo de las antiguedades” de 1853, donde al hablar de la “bordon-dantza” dice:

“...al frente de esta danza llevaba antiguamente el pregonero un montante, según se dice en las actas dl 27 de setiembre de 1708. En la actualidad lleva una espada desenvainada con la punta hacia arriba, llena de rosas, claveles y otras flores, señal seguramente de la mencionada victoria (e refiere a Beotibar), con la circunstancia de que agarra el puño con un pañuelo blanco que cubre la mano...”

Y en su “Diccionario Histórico de Tolosa” de 1862:

“...Costumbre antiquísima es, de cuyo origen no hay noticia cierta, que concluido este baile, el Ayuntamiento precedido del pregonero con la espada desenvainada, llena de rosas y claveles, así que la Bordondantza, tamboriles, etc., vaya al prado de Igarondo a continuar la fiesta...”

De los párrafos anteriores podemos deducir que Gorosábel no conocía el significado de montante, que no es otra cosa que una “espada ancha y con gavilanes muy largos, que manejan los maestros de armas con ambas manos, para separar la batalla en el juego de la esgrima. Tomose en forma y nombre de “la espada antigua que se jugaba con dos manos...”, según viene en el Diccionario de Autoridades.
De cualquier forma una espada de este tipo salía delante del grupo de “Sanjuandantzariak” de Berástegui según he visto en una fotografía de principios de siglo.

Un simbolismo más viejo de la espada podemos asociarlo con viejos rituales de fertilidad y, en el caso de la espada tolosana, su profuso adorno floral no hace sino acentuar más esta carga de significados, muy acusados en las propias enramadas y oras viejas ceremonias que han sobrevivido alrededor de la fiesta de San Juan.

No hay en este caso, a nuestro entender, una asociación entre estos elementos armados con viejas acciones guerreras, datadas por la Historia. La “Bordon-dantza” era una danza propia de todo el Beterri, según afirmación del P. Larramendi, y una proximidad hacia otras danzas de armas, como es el caso de la Espatandantza, tal y como afirma Iztueta, parece lógico dada la semejanza que ambas presentan en sus motivos coreográficos fundamentales.

Por último, sólo nos queda decir que en el campo del folklore ha sido muy corriente que la racionalidad histórica trate de explicar o aproximar, hechos a tradiciones que presentan orígenes dispares. Actitud lógica, sobre todo para épocas pasadas, donde el conocimiento, no ya de los viejos rituales campesinos, sino de su extensión y concomitancia a través del tiempo y entre áreas geográficas diferentes era, prácticamente inexistente.

Juan A. Urbeltz
Argia’ko zuzendaria
(1979ko Sanjuanetako egitarauan argitaratuta)

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