Ni los 35 grados que marcaban los termómetros en Pamplona pudieron frenar ayer a los cientos de participantes de la octava edición de la Mazedonia – Kalejira de las Culturas, uno de los actos más coloridos de los Sanfermines. Con pesados trajes tradicionales, máscaras, armaduras, cascabeles y tejidos de múltiples capas, representantes de 34 asociaciones culturales desfilaron por el Casco Viejo para celebrar, por primera vez dentro de las fiestas, el Día de la Diversidad, una jornada destinada a reconocer la pluralidad cultural de una ciudad en la que conviven personas de decenas de nacionalidades. 

La comitiva partió a las 17.30 horas desde la confluencia de las calles Mayor y San Lorenzo para recorrer más de un kilómetro hasta la Plaza del Castillo al ritmo de tambores y músicas tradicionales de países como Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile, Venezuela, Gambia, Bulgaria, Perú o el Sáhara, además de colectivos navarros que trabajan por la convivencia intercultural.

El calor fue uno de los protagonistas de la tarde, aunque para quienes desfilaban pasó a un segundo plano. "Dentro del traje se sienten temperaturas muy altas, pero la ilusión, el orgullo y el cariño del público hacen que todo valga la pena", explicaba Freddy Apaza, integrante de una fraternidad boliviana de Morenada, mientras sostenía una pesada indumentaria inspirada en una danza ancestral ligada a la época colonial y al trabajo en las minas.

Freddy Apaza

Freddy Apaza Francisco Rivera

 

Un sentimiento parecido compartían otros participantes. Muchos de ellos llevan meses preparando esta cita mediante ensayos para mostrar una parte de la cultura de sus países de origen. Es el caso de Ángel, integrante del grupo Tinkus de Ataco USA, que llegó a España en 2015 y lleva ocho años bailando. "Es un día para celebrar la diversidad de culturas y agradecer al Ayuntamiento que nos dé este espacio para mostrar un poco de nuestro país estando fuera de él", afirmaba.

Su danza, explicaba, representa el Tinku, una palabra que en quechua significa "encuentro" y que está dedicada a la Pachamama, la Madre Tierra.

 

Convivencia entre culturas

Más allá del espectáculo visual, la kalejira volvió a convertirse en un espacio para reivindicar la convivencia entre culturas. Ese fue el mensaje que más se repitió entre los participantes.

"Es un agradecimiento a la comunidad pamplonesa y navarra por permitirnos integrarnos. Nosotros también queremos formar parte de esta sociedad, pero sin perder nuestras raíces y transmitiéndolas a nuestros hijos", explicaban Diana Carrillo, Manuel Villavicencio y Maritza Torres, integrantes de los colectivos ecuatorianos Compartiendo Raíces y Unión Familiar, presentes desde hace años en este desfile.

Uno de los grupos que participó en la kalejira

Uno de los grupos que participó en la kalejira Francisco Rivera

Para ellos, la celebración supone mucho más que un acto folclórico. Es también una forma de mantener vivas tradiciones que han viajado miles de kilómetros hasta Navarra. Los coloridos trajes de Ayahuma o Cayambe, confeccionados artesanalmente, convivían durante el recorrido con vestimentas bolivianas, africanas y latinoamericanas, ofreciendo una imagen que reflejaba la diversidad cultural de Pamplona.

También desde Bolivia llegaban este año, por primera vez, los integrantes del grupo Amigos Pujllay, desplazados desde La Rioja para participar en la kalejira. "Significa integración. Estamos orgullosos de poder mostrar nuestra cultura y demostrar que todos podemos convivir en una misma sociedad", resumían Patricia Díaz, Erick Bautista y Segundina Clares.

 

Una cara diferente de San Fermín

El desfile también despertó el interés de numerosos espectadores, muchos de ellos sorprendidos por descubrir una faceta menos conocida de los Sanfermines.

Era el caso de Clemente Berastegui, que asistía por primera vez a la Mazedonia. "Me parece fenomenal que cada pueblo pueda demostrar su cultura. Lo que más me sorprende es que, con el calor que hace, puedan desfilar con esas vestimentas. Es impresionante ver tanto colorido y folclore", comentaba.

A pocos metros, Pedro Pereira Herrera, que visitaba Pamplona por primera vez, encontraba en el desfile una imagen distinta de la ciudad. "Me transmite paz y armonía", resumía mientras observaba el paso de las distintas asociaciones.

La kalejira concluyó en la Plaza del Castillo con un espectáculo final en el que participó Duguna Iruñeko Dantzariak y con el tradicional reparto de cerca de un millar de raciones de macedonia de frutas, un gesto que da nombre al acto y simboliza el espíritu de la jornada: la convivencia de culturas diferentes en unas fiestas universales como los Sanfermines.