Música y danza para que el cerebro baile
El teatro Principal se llenó para la sesión 'Brain amp Music' con Kantakidetza y Verdini Dantza Taldea. (Félix Morquecho)
Claudia Turiel. Hay canciones que se recuerdan durante décadas. Ritmos que el cuerpo sigue casi automáticamente. Y aunque muchas veces se vive solo como ocio o diversión, ... la ciencia lleva años estudiando cómo la música y el movimiento pueden estimular el cerebro y favorecer el bienestar. La conexión entre música, movimiento y salud centró este año la cuarta edición de 'Brain and Music', organizada por Aubixa Fundazioa en el Teatro Principal de Donostia bajo el lema 'Cantar y bailar con el cerebro', con el objetivo de «poner en valor la música, la melodía y, en este caso, también la danza y lo que implica esto a nivel cerebral», explica Javier Ruiz, uno de los dos neurólogos que, junto a José Félix Martí Massó, se encargó de la parte más científica del evento, celebrado ayer por la tarde. Por su parte, los colaboradores de este año, el coro Kantakidetza –formado por profesionales de Osakidetza– y el grupo de danza Verdini Dantza Taldea sirvieron como prueba visual de cómo el cerebro trabaja para coordinar movimientos en grupo: los gestos, las respiraciones o la voz.
Ruiz explica que «como todo el mundo sabe, cuando escuchamos música solemos mover sin querer el pie o la cabeza. Son gestos espontáneos, pero detrás tienen una traducción». Lejos de ser un simple reflejo, el especialista señala que el cerebro está «constantemente anticipándose al ritmo, tratando de predecir cómo continuará la melodía». No es magia, es la «sincronización de múltiples áreas del cerebro», apunta. En ese proceso intervienen no solo las áreas auditivas, sino también regiones motoras y premotoras del cerebro, encargadas de la coordinación del movimiento, así como los ganglios basales, fundamentales en la regulación del ritmo y la acción.
Después de hacer este esfuerzo, el cerebro también obtiene algo a cambio. Y es que cuando escuchamos música «se activan zonas impicadas en el placer, la motivación, la conexión social...». Por ejemplo, en los grupos de danza, «realizar un mismo gesto siguiendo la misma canción genera una red muy compleja de reacciones que se comunican y se sincronizan entre sí». Como si de una sesión de gimnasio para el cerebro se tratara, «se activa una red neuronal muy compleja y que es realmente positiva para el desarrollo y la reserva cognitiva», asegura. «Esto es interesantísimo de cara a un envejecimiento saludable», insiste el neurólogo. Precisamente este era el objetivo de la cita, dar a conocer las propiedades de la música y la danza, más allá del disfrute o del placer.
Bienestar emocional
Y hay ejemplos que demuestran que la música, a veces, puede llegar a hacer verdaderos milagros médicos, «por ejemplo con la enfermedad de Parkinson o el Alzheimer. Enfermedades donde los pacientes suelen experimentar graves dificultades para moverse, para caminar o llevan tiempo sin hablar... pero con música, todo eso cambia», asegura el experto. La música es capaz de romper esos bloqueos y aunque «uno no es capaz de andar o de hablar, sí que puede bailar o cantar, en definitiva, reaccionar a la música». Por ejemplo, canciones que les recuerdan a su juventud. «La memoria emocional queda grabada y, en ese contexto, la melodía o la música hacen que conecten con eso que parecía olvidado».
Pero más allá de los estímulos que recibe el cerebro al escuchar algún ritmo o melodía, Ruiz destaca el papel de crear y participar en este arte para contribuir al bienestar y la salud mental. El de Kantakidetza es un caso que reúne varias de las cuestiones explicadas por el neurólogo. Y es que este coro está formado por profesionales sanitarios de Osakidetza y fue creado para «compartir nuestra afición por la música y disfrutar de un tiempo en compañía después de trabajar», explica Joseba Landa, médico pedriátra ya jubilado y parte de la junta directiva del coro. Eso sí, la gente se fue sumando pues «todos veíamos que la gente que participaba en el coro salía de ensayar con una sensación de paz y felicidad envidiable», explica. En un trabajo tan estresante emocionalmente y demandante, encontrar un escape así «suponía bienestar».
Además, para muchos, se ha convertido en una motivación ajena a lo laboral. «Antes ensayábamos una vez a la semana, ahora dos, porque la calidad de lo que hacemos ha aumentado y también damos cada vez más conciertos. A lo largo de la semana todos esperamos los días de ensayo con ganas y tenemos algo en lo que trabajar y mejorar, porque siempre hay margen de mejora, y se convierte en una especie de reto», asegura Landa. «Es una actividad que nos produce bienestar y te aporta tanto a nivel cerebral como a nivel emocional», sentencia.
Como bien quedó demostrado ayer en el evento Brain amp Music, «hay estudios que relacionan la música con ciertas partes del cerebro, generando un efecto positivo en los oyentes pero también en quienes participamos», secunda Landa. En relación a la temática principal en esta edición, la danza y los ritmos, el coro Kantakidetza interpretó canciones con diferentes influencias, como la africana, o temas conocidos que implementan diferentes gestos y pequeñas coreografías. Una cita para aprender que la música y la danza sirven para más que cantar y bailar.
