Emociones casi tan intensas como el calor en la despedida de los gigantes

La despedida de los gigantes se ha celebrado este martes con unas emociones casi tan intensas como el calor extremo que se ha vivido en la plaza Consistorial, donde el termómetro ha ido escalando hasta alcanzar los 35 grados al final de la hora larga de espectáculo.
Las sombras estaban cotizadísimas para sobrellevar las altas temperaturas, aunque no ha faltado personal que aguantaba estoicamente al sol, mientras llevaba al txiki de turno en los hombros e incluso se animaba a sacar el móvil y grabar los mejores momentos de las evoluciones de los gigantes y dantzaris participantes en el acto.
No eran los únicos, ya que la gente que se asomaba a los balcones de la plaza e incluso los concejales resistían el intenso contacto del sol. Es más, hasta el alcalde, Joseba Asiron, ha tenido temple a estas alturas de las fiestas para echar un vals con Maider Beloki y después con Garbiñe Bueno.
Unos metros más abajo, la situación se complicaba para sobrellevar la impaciencia de los txikis, pero también de aitas y amas, que exclamaban «¡Ponte más adelante!» o pedían calma explicando que «Tiene que sonar la música para que bailen los gigantes».
Lo que se ha convertido en la tónica general han sido las rotaciones, con gente que entraba y salía de la plaza. Algunos iban derrotados, aunque con humor, ya que anunciaban: «Hemos dejado sitio al sol. ¿Si alguien quiere?».
Abanicos para reanimar
Para algunas personas, salir de la plaza era algo urgente y no ha faltado gente que se ha tenido que tumbar en el suelo donde ha podido mientras la gente que estaba alrededor le hacía un hueco y le abanicaba o acercaba agua para superar el mal momento.
Hasta ha aparecido una salvadora botella de agua con hielo en su interior que resucitaba a los muertos. Afortunadamente esos momentos se han salvado sin problemas y no ha hecho falta llamar a las asistencias.
No era de extrañar que se vieran escenas así, ya que un aita aseguraba a su pareja: «Estoy empapado. No sé cómo no me he traído otra camiseta». Y la verdad es que falta hacía, porque la sudorina era terrible.
Pese a las dificultades, el espectáculo seguía su curso, con los gigantes dividiéndose por parejas para dirigirse a las calles aledañas, hasta que los gritos del personal, animado por el speaker, les ha vuelto a agrupar en la plaza. Una tarea que ha realizado en euskara y castellano en compañía de las txistularis de Braulia Vero y Ainhoa.
En algunos momentos, se ha llegado a nublar unos segundos el cielo, algo celebrado por las personas reunidas, casi tanto como la lluvia de caramelos que han lanzado los kilikis desde diferentes lugares de la plaza.
Pasadas las 14.00 horas, los gigantes se han arrancado y se han metido en el edificio del ayuntamiento. Entonces, ha surgido la gran pregunta: «¿Queréis que sigan?». Y ahí se ha generado una división de opiniones, entre los que querían más y los que ya no podían con el calor y se han arrancado con un no.
Pero los síes han sido más fuertes y ha proseguido el acto, con los gigantes saliendo de nuevo a la plaza para hacer unos nuevos bailes y rematar la faena como corresponde, con ‘La Polonesa’. Y ahí, una vez más, la protagonista ha sido Braulia, de la que se ha despedido con varios besos su pareja Toko-Toko entre el delirio de la gente.
Dando más vueltas que una peonza, Braulia ha cerrado la comitiva a las 14.30 horas entre los aplausos del personal y recordando que en unos meses volverán a pisar las calles de Iruñea. Como ha señalado un veterano que también estaba presente en la despedida: «¡Hasta septiembre!».