Un libro para colorear, un baile tradicional y otros puentes entre Palestina y Euskal Herria
El vínculo entre Euskal Herria y Palestina crece mediante iniciativas como la creación de un grupo de baile tradicional Dabke, la nueva asociación Palestina Gara y la traducción al euskera de un libro para colorear que trata de fomentar la solidaridad entre los niños de ambas culturas.

Hamada Khaldi, artista y bailarín gazatí, llegó hace unos meses a Euskal Herria para crear un grupo de Dabke, un baile tradicional palestino. Fouad Baker, ingeniero y jurista, arribó hace casi dos años, huyendo de la guerra en el Líbano, e impulsa ahora Palestina Gara, una asociación de la diáspora palestina. Nkosinathi Ngubane, ilustrador y artista sudafricano, presenta un libro para colorear, recientemente traducido al euskera, que trata de acercar la realidad palestina a los más pequeños y fomentar la solidaridad hacia los niños de otras culturas.
En la portada de ‘Ibaitik Itsasora, koloreztatzeko liburu bat’, dos niños, uno palestino y otro sudafricano, dan la espalda al lector mientras miran al horizonte: «El palestino es Handala, creado por el dibujante Naji Al-Ali, asesinado en los años 80», cuenta Nkosinathi Ngubane, cuyos dibujos de periodistas, intelectuales e iconos palestinos, junto a explicaciones dirigidas a los niños, inundan las páginas del libro para colorear.
El rostro de Handala está oculto, explica el ilustrador, porque «el mundo le ha dado la espalda», y no se revelará «hasta que Palestina sea libre». Él creó al otro personaje, un niño sudafricano de la misma edad, también con el rostro oculto, en solidaridad con Palestina.
Elkar ha traducido la obra al euskera y Ngubane la presentará en los diferentes territorios de Euskal Herria. El día 5 de octubre estará en la librería Elkar de Gasteiz (San Prudentzio kalea 7), a las 18:30; el 6, a la misma hora, en la librería Elkar de Donostia (Fermin Calbeton 30) y el 7, en Iruñea, presentará el libro en Katakrak (Kale Nagusia 54), a las 19:00. El 24 de septiembre pasó por Bilbo y, el 25, por Otxandio.
‘Ibaitik Itsasora’, que ya está a la venta en la web de Gernika Palestina, cuenta Ngubane, está dirigido a niños de entre 6 y 10 años aunque, «en espíritu», puede ser para todo el mundo. Sobre todo «para aquellos adultos que no conozcan la historia de Palestina o lo que fue la Nakba».
Explicar un genocidio a los niños
Tratar de explicar un genocidio a un público infantil, explica el ilustrador, «es muy difícil». «La mejor forma para introducir el tema es hablando, primero, sobre humanizar a los palestinos», cuenta. El libro introduce «poco a poco» términos importantes para comprender el conflicto, para que los niños tengan tiempo de comprenderlos.
Ngubane cree que es importante explicarles estos temas para fomentar «la solidaridad» entre los niños de unos y otros pueblos. Para ello es necesario hablarles sobre «la cocina, la historia, la cultura…» palestinas.
A su vez, cree que es esencial contar el vínculo entre su país y Palestina, cuyas luchas «están interconectadas por el Apartheid». El autor dedica, de hecho, una de las páginas de su libro a Nelson Mandela que, cuenta «dijo que el Apartheid de palestina era 10 veces peor que el nuestro».
Hoy en día esa conexión sigue vigente. Sudáfrica, en diciembre de 2023, denunció al Estado de Israel por genocidio frente a la Corte Penal Internacional, que mantiene desde 2024 una orden de arresto sobre Netanyahu por crímenes contra la humanidad.
El ilustrador ha recibido comentarios positivos de padres y niños que han comprado y coloreado el libro. También, explica, ha sufrido «censura» tanto por parte de gobiernos (Francia y Alemania prohibieron el libro por «antisemitismo») como de «organizaciones sionistas». «Catalogan el apoyo a Palestina como antisemita, pero no se puede ser antisemita cuando apoyas a quienes sufren un genocidio que todos podemos ver», sentencia Ngubane.
Una danza para «hacer el bien»
Hamada Khaldi es un artista, bailarín, gazatí que practica el Dabke, una danza tradicional palestina, desde que tenía 15 años, hace ya 17. Vino a Euskal Herria porque se le presentó la oportunidad de crear un grupo de baile, enseñar el Dabke y estrechar los lazos que unen a los pueblos palestino y vasco.
Khaldi, con la kufiya anudada al cuello, explica que el Dabke es un baile «muy antiguo», que transmite «energía positiva», se realiza en grupo y tiene variaciones según el país. Hay un Dabke libanés, otro sirio, jordano... Para Khaldi, el Dabke palestino es, sobre todo, una forma de «hacer el bien» y dar a conocer su cultura más allá de lecturas políticas.
«La primera impresión que tiene la gente», cuenta Khaldi, al ver a un artista proveniente de Gaza, es que «su arte y su baile deben ser tristes y centrados en el genocidio». Él huye del estereotipo y reivindica el Dabke como una forma de mostrar que los palestinos «quieren tener una vida normal. «Yo vengo de ahí, sé lo que hay, y también tienen una vida y momentos felices», cuenta.
Se siente feliz, también, por el recibimiento que han tenido sus últimas actuaciones en Euskal Herria. El artista, que salió de Gaza en 2018 y desde entonces ha vivido en Turquía y actuado también en países como Egipto o Maldivas, dice que «nunca había visto una reacción como la de aquí, la gente está muy atenta, te apoya y te anima». «Significa mucho para mi», cuenta el bailarín, que siente también «la responsabilidad» de mostrar la mejor versión posible del Dabke a gente que lo ve por primera vez.
Hamada Khaldi, como profesor de la danza tradicional, ha descubierto en su tiempo en Bilbo talentos que «aprenden muy rápido», tanto entre la población palestina como entre la vasca. Cree, de hecho, que el nuevo grupo de Dabke está «cerca» de poder actuar en público. Revela, además, que próximamente preparará junto a Gernika Palestina una «fusión» entre dantzaris de Euskal Herria y bailarines palestinos.
Desde que llegó a Euskal Herria, cuenta el artista, hace unos 4 o 5 meses, vive en la casa de la asociación Martin Etxea, donde le han ofrecido «un primer paso de apoyo». En Martin Etxea residió también Fouad Baker, palestino-libanés que ahora impulsa Palestina Gara, una nueva asociación que lideran e integran los refugiados palestinos de Euskal Herria.
Liderazgo palestino
Para Baker, Palestina Gara debe ser «un espacio desde el cual los palestinos puedan expresar sus necesidades y sus dificultades, dar a conocer su realidad y su causa, y establecer una comunicación formal con las instituciones para poder acceder a la ayuda, la protección y los servicios que necesitan».
Su familia, durante la Nakba, fue desplazada a la Franja de Gaza primero y al Líbano después, donde nació. Estudió Ingeniería Electromecánica, aunque no ejerció, y se formó también «en el ámbito de la No Violencia y los Derechos Humanos», cuenta, «para adquirir las herramientas jurídicas necesarias» para defender los derechos del pueblo palestino. Ingresó al Colegio de Abogados de la Corte Penal Internacional en el año 2020 y, en 2024, tras el inicio de la guerra entre el Estado israelí y el Líbano, tuvo que huir del país.
Vino a Euskal Herria, donde fue acogido por Martin Etxea, cuyo apoyo, cuenta, «desempeñó un papel fundamental» en esa etapa de su vida. Por su experiencia, conoce los procesos «lentos y complejos» de la solicitud de asilo. El jurista explica que «muchas de las personas que llegan no saben cómo acceder al sistema de protección» por lo que, en algunos casos, «se ven obligadas a dormir en la calle mientras esperan hasta varios meses para conseguir una cita» para iniciar los trámites. Palestina Gara nace de la necesidad de solventar este y otros problemas.
«La presencia de los palestinos aquí no debería limitarse a la de personas que necesitan protección. También puede convertirse en un puente entre el pueblo palestino y el vasco»
En Euskal Herria residen unas 150 personas palestinas, venidas desde Gaza, Cisjordania y comunidades de refugiados de terceros países. Baker explica que la asociación quiere dar voz a esos colectivos diferentes y servir como punto de encuentro, por ello en su directiva hay «un palestino de la Franja de Gaza, uno de Cisjordania, uno del Líbano y también una mujer vasca de origen palestino».
En sus pocos meses de vida, Palestina Gara ya se ha reunido varias veces y emprendido acciones como dar clases de euskera y español a niños, además de iniciar y apoyar iniciativas como la del grupo de Dabke de Hamada Khaldi.
Cooperación con EH
Para asegurar el éxito del proyecto, explica el jurista, «la coordinación con las asociaciones e instituciones vascas y palestinas, así como con las organizaciones que apoyan la causa palestina, es fundamental». De momento han contado con el apoyo de Gernika Palestina y Martin Etxea, que han prestado a la asociación palestina, por ejemplo, espacios de encuentro.
A su vez, Palestina Gara mantuvo una reunión de presentación con el Gobierno de Lakua en el que, cuenta Fouad Baker, ha percibido «un gran interés y una valoración muy positiva», además del «compromiso de prestar apoyo» en su desarrollo futuro.
Baker ha encontrado «solidaridad verdadera» en Euskal Herria y, el pueblo palestino, asegura, «valora la lealtad y no olvida a quienes estuvieron a su lado». Por ello, Palestina Gara será «un puente permanente» entre ambas naciones, que permitirá crear «vínculos sociales y culturales» para pasar de la «solidaridad» a la «construcción de relaciones a largo plazo basadas en el conocimiento mutuo, el intercambio cultural y el trabajo conjunto».
«La presencia de los palestinos aquí no debería limitarse a la de personas refugiadas que necesitan protección. También puede convertirse en un puente de comunicación e intercambio cultural entre el pueblo palestino y el vasco», sentencia el jurista e ingeniero palestino-libanés.