El Teatro Victoria Eugenia de Donostia acoge entre este jueves y el domingo una de las últimas oportunidades para disfrutar de Marie-Antoinette, la célebre producción de danza de Malandain Ballet Biarritz bajo la dirección coreográfica de Thierry Malandain. La obra, de 80 minutos de duración y ambientada con piezas de Joseph Haydn y Christoph Willibald Gluck, retrata la trayectoria vital y los hitos más significativos de María Antonieta, desde su llegada a la Corte francesa hasta sus momentos más trágicos.
Siguiendo la senda narrativa de producciones anteriores como Cenicienta o La bella y la bestia, el espectáculo ofrece un recorrido minucioso por los episodios personales y políticos de la monarca. “Son 80 minutos de danza en los que explicamos su vida, sus inicios, los trapicheos que había en la corte; también sus amores, no solo con el rey, con el que tardó siete años en consumar, sino también con sus amantes”, detalla la bailarina donostiarra Irma Hoffren, integrante de la compañía.
Para reflejar la evolución psicológica del personaje a lo largo del tiempo, la producción combina la interpretación corporal con elementos de vestuario diseñados por Jorge Gallardo. “Para transmitir las diferentes personalidades de María Antonieta, utilizamos principalmente el movimiento del personaje. El vestuario también va cambiando, de un blanco puro del inicio a un negro dramático para el final”, indica Hoffren.
El montaje, por su parte, destaca por el equilibrio entre el sello característico del coreógrafo y la reinterpretación de la estética de la época. “Thierry Malandain es muy minimalista para el decorado. Jugamos principalmente con los cambios de sitio y de ambiente, lo que genera diferentes cuadros”, señala la bailarina sobre una ambientación y un diseño escénico que, precisa, está “inspirado en la época barroca, también el vestuario, pero algo diferente, más colorido. Yo digo que es más pop”.
Respecto al lenguaje coreográfico, la donostiarra subraya la impronta personal de la compañía. “La danza también hace un guiño a la época barroca, pero es, sobre todo, el estilo Malandain. Quien venga va a reconocerlo enseguida, más que el de la época de María Antonieta”, apunta, revelando que, después de tantos años trabajando juntos “ya pensamos como él”. “Sabemos qué se le pasa por la cabeza y lo que quiere de cada una de nosotras”, asegura.
Últimas funciones
Coproducida por el Palacio de Versalles, la pieza ha cosechado una importante proyección internacional desde su estreno hace casi una década. “María Antonieta es una de las personalidades más conocidas de la historia de Francia y eso lo notamos mucho en el extranjero”, apunta Hoffren, que ha podido interpretar la obra en el teatro de María Antonieta, en el Palacio de Versalles. “El público francés no es especialmente diferente al del resto de Europa, quizás lo sea más el asiático, que se emociona más y vemos más móviles que aplausos”, observa.
Ahora, el paso de la producción por la capital guipuzcoana marcará el inicio de su despedida, seguramente, definitiva de los escenarios. “Empezamos la pieza en 2017 creo, así que llevamos casi diez años con ella, pero no ha estado en todas las temporadas”, recuerda Hoffren, apuntando que tras su paso por Donostia se podrá ver en Biarritz para probablemente no volver a recuperarse.
Tras muchos años fuera de Gipuzkoa, la bailarina donostiarra analiza también el contexto actual de la disciplina. “La danza en Euskadi sigue como en los últimos años. Hay público, hay programación y hay alumnos de estilos de danza muy diferentes, pero sigue todo igual. Cuando era pequeña se decía que no había danza suficiente y hoy en día se sigue diciendo lo mismo. Faltan ayudas institucionales, que las hay, pero no son suficientes”, valora.
Una coyuntura que, según advierte, también se da en el ámbito galo. “La situación en Francia es igual, no mucho mejor. En la compañía ha habido recortes y así es más complicado arriesgarse. Como creadora, cómo vas a decir que tal esfuerzo merece la pena si no hay resultados”, observa.
